¿La mayonesa engorda? Sí: 680 kcal/100 g, pero una cucharada son 100
Respuesta breve
Sí, la mayonesa es muy calórica: unas 680 kcal por 100 g, de las que el 99 % son grasa. Pero nadie come 100 g de golpe. Una cucharada de 15 g aporta unas 100 kcal, así que el problema real es la cantidad que se acumula a lo largo del día.
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¿La mayonesa engorda?
Sí, pero conviene entender por qué. La mayonesa es esencialmente aceite emulsionado con huevo: unas 680 kcal por 100 g, de las que prácticamente todo es grasa (75 g) y apenas hay proteína (1 g) ni hidratos. Es uno de los condimentos más calóricos que existen.
Ahora bien, ese “100 g” es engañoso. Nadie se sienta a comer cien gramos de mayonesa. Lo que de verdad cuenta es la cucharada: unos 15 g que aportan alrededor de 100 kcal. El problema no es la salsa en sí, es la facilidad con la que se acumula. Una cucharada en el bocadillo, otra en la ensaladilla, un buen pegote con las patatas… y sin enterarte llevas 50-60 g en un día, que son 350-400 kcal solo de aliño.
Cuánto aporta de verdad (por 100 g y por cucharada)
La tabla habla de 100 g porque es el estándar para comparar, pero al lado pongo la ración real, que es la que deberías mirar.
| Nutriente | Por 100 g | Por cucharada (15 g) |
|---|---|---|
| Calorías | 680 kcal | ~102 kcal |
| Grasas | 74,85 g | ~11 g |
| de ellas saturadas | 11,7 g | ~1,8 g |
| Proteínas | 0,96 g | ~0,1 g |
| Hidratos | 0,57 g | ~0,1 g |
| Azúcares | 0,57 g | ~0,1 g |
| Sal | 1,59 g | ~0,24 g |
Fuente: USDA FoodData Central, consultado junio de 2026 (por 100 g).
El dato que más sorprende es que el 99 % de las calorías vienen de la grasa. No es un alimento “malo” por ello —es energía pura—, pero sí explica por qué un chorro generoso pesa tanto en el cómputo del día. La sal tampoco es despreciable: dos o tres cucharadas ya rozan medio gramo, algo a tener en cuenta si vigilas la tensión.
¿Cuánta mayonesa puedes tomar sin que pase factura?
No hay un umbral mágico, pero sí una referencia útil: una o dos cucharadas al día (15-30 g, 100-200 kcal) encajan sin problema en una alimentación normal. Es una cantidad parecida a la de cualquier aliño graso y compensa de sobra por el sabor que aporta.
El terreno resbaladizo es cuando la mayonesa deja de medirse. Una ensaladilla rusa de ración lleva con facilidad 40-60 g; unas patatas fritas con alioli de bar, otro tanto; un bocadillo bien untado, 20-30 g más. Si un día juntas dos o tres de estos, has sumado 400-600 kcal solo en salsa, casi sin masticar. Ese es el patrón que engorda, no la cucharada del sándwich de los martes.
Mayonesa frente a otras salsas de bote
Comparar por 100 g ayuda a poner la mayonesa en su sitio dentro de la nevera de salsas:
| Salsa | Kcal/100 g | Qué la hace pesar |
|---|---|---|
| Mayonesa | 680 | Casi todo aceite emulsionado. |
| Mayonesa light | 300-400 | Cambia aceite por agua y almidón; sube azúcar. |
| Salsa barbacoa | 170-180 | Calórica por el azúcar, no por la grasa. |
| Kétchup | 100-110 | Mucho azúcar, poca grasa. |
| Mostaza | 65-70 | La más ligera; apenas grasa ni azúcar. |
| Yogur natural | 60-70 | Buena base para aligerar salsas caseras. |
La lectura honesta: la mayonesa gana de calle en calorías, pero también es la que menos azúcar lleva. Si buscas el aliño más ligero, la mostaza o el yogur natural te dejan margen; si lo que quieres es bajar el azúcar añadido, la mayonesa no es peor que un kétchup.
El mito de la mayonesa casera
Circula la idea de que la mayonesa hecha en casa “engorda menos”. No es así. Lleva los mismos dos protagonistas —aceite y huevo— en proporciones parecidas, de modo que ronda las mismas 680-720 kcal por 100 g o incluso más, según cuánto aceite admita. Lo que sí cambia, y a favor, es el control: sin conservantes, sin azúcares añadidos y con el aceite que tú elijas (un buen aceite de oliva mejora el perfil de grasa). Pero a efectos de báscula, casera y de bote juegan en la misma liga.
En qué queda
La mayonesa es calórica, sí, y no tiene sentido fingir lo contrario: es grasa con sabor. Pero la cifra de 680 kcal asusta solo porque la leemos por 100 g; en cucharadas, una salsa puntual cabe en casi cualquier dieta sin despeinarte. Donde se descontrola es en los platos que la llevan a manos llenas —ensaladilla, salsas de bar, bocadillos generosos—, no en el pegote del sándwich. Mídela con la cuchara y deja de mirarla con miedo: es una cuestión de cantidad, no de prohibición.
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